Desde
sus inicios en Colombia, han sido muy frecuentados y sus
servicios han ido mejorando. También se han ido abaratando
gracias a la competencia, en beneficio de sus visitantes.
Algunos lo complementan con la parte “café” y otros,
ofreciendo delicias culinarias y reposteras.
El
hecho es que este negocio ha crecido considerablemente en
Colombia y en el mundo, y con él también han aumentado los
cuestionamientos sobre su legalidad y la de algunas
actividades que se realizan en estos establecimientos. Estos
cuestionamientos varían de acuerdo a los intereses que se
intenten proteger, como por ejemplo, por ahora en Colombia,
los de víctimas de delitos informáticos y los de los
operadores autorizados para servicios de telefonía de larga
distancia.
Sobre
el primer aspecto, está en trámite el proyecto de ley 166
presentado el 31 de enero de este año ante la Cámara de
Representantes por el congresista Alvaro Ashton Giraldo, que
pretende exigir a los establecimientos que presten servicios
de Internet y de fax al público, llevar un libro de
registro que tiene como objetivo evitar el anonimato de los
delincuentes que utilizan las nuevas tecnologías para
cometer sus fechorías. Para lograrlo, seguramente en el
trámite de este proyecto se incluirá -en lo referente a
Internet- la obligación de registrar en qué fecha, a qué
horas y con qué IP estaba conectado quién, identificado
con cuál documento y posiblemente con cuál huella.
Actualmente este proyecto está en estudio para
presentación de ponencia en primer debate.
Por
otro lado se encuentran las llamadas telefónicas de larga
distancia por Internet, realizadas desde cibercafés. Aunque
para el ciberconsumidor podrían representar un ahorro, para
las autoridades colombianas -Ministerio de Comunicaciones y
CRT - esta práctica es ilegal en la medida en que este
servicio, conocido también como Voz sobre IP, se
comercialice. Para esto se requiere la obtención de
licencia en los mismos términos que los operadores de
telefonía de larga distancia autorizados en el país. Las
políticas varían de país a país, siendo en Colombia
prohibida, no la tecnología en sí, sino su uso para
servicio público sin la licencia respectiva, lo cual
conlleva a sanciones administrativas y hasta penales.
El
país que más ha dado de qué hablar en cuanto a
restricciones impuestas a los cibercafés es China, mientras
que Vietnam e Irán le siguen los pasos. En China, donde
para muchos estos establecimientos son la única forma de
conectarse, se han considerado como “vehículos de
contaminación cultural” y se les han impuesto
obligaciones como la de obtener un permiso, instalar un
software (que suele incluir programas espías) para
controlar la navegación hacia sitios considerados por las
autoridades como subversivos o pornográficos, no permitir
el acceso de menores de edad y cerrar a medianoche.
La
persecución se intensificó a raíz del incendio del
cibercafé “Lanjisu Café” el 16 de junio del año
pasado en el barrio universitario de Haidian en Pekín, el
cual fue causado por dos menores por venganza contra el
dueño por no dejarlos usar los computadores. El resultado
fue 25 muertos y una docena de heridos. Luego de este
trágico hecho, las autoridades chinas, aprovechando la
oportunidad, han cerrado más de 3.000 cibercafés y han
quitado la licencia a más de 11.000 aduciendo como razón
“medidas de seguridad”. Actualmente todos se encuentran
cerrados como medida de seguridad impuesta por las
autoridades contra la propagación de SARS.
En
Ecuador para poder tener un cibercafé hay que registrarlo
según lo ordenado por Resolución del Consejo Nacional de
Telecomunicaciones, Conatel. Esta entidad define los
servicios que pueden ser comercializados por los cibercafés
e impone una serie de requisitos para registrarlos y el pago
de unos aportes cuyo valor disminuye si operan en zonas
rurales.
Uno
de los debates más candentes es el que se dio en España a
raíz de que el Ministerio del Interior a través de la
Comisión Nacional de Juego, presentó una propuesta de
regulación para asimilar los cibercafés a los salones de
juego, que se rigen por un reglamento especial. Esta
propuesta generó reacciones contrarias por parte de la
Asociación de Usuarios de Internet, AUI, y hasta la
creación de una asociación nacional de cibercafés.
De
aprobarse esta iniciativa, estos establecimientos y
bibliotecas u otros que prestan servicios públicos de
acceso a Internet, hubieran tenido que cerrar o pagar
impuestos altos y licencias por cada computador que superan
su costo, además que cerrar sus puertas a menores de edad y
personas con poca capacidad económica. Finalmente el
Gobierno español replanteó su posición y en diálogo con
las entidades mencionadas decidió enfocarse en los
beneficios que los cibercafés aportan a la Sociedad de la
Información, invitándolos a autorregularse.
En
Los Angeles y otras ciudades de California, se han
presentado incidentes violentos en algunos cibercafés
causados por videojuegos como Counter-Strike. El concejal
Dennis Zine ha propuesto una regulación similar a la de las
máquinas recreativas y una mayor seguridad para estos
establecimientos que incluyen medidas como la contratación
de guardias de seguridad y la utilización de cámaras de
video. Los propietarios se oponen, alegando que son negocios
pequeños que no podrían cubrir esos gastos y muchos
piensan que los videojuegos no son los culpables de la
violencia, sino las pandillas asiáticas.
Finalmente
no puede dejar de mencionarse la condena de la Alta Corte de
Londres a la cadena inglesa de cibercafés EasyInternet
Café en marzo de este año, por cobrar a sus usuarios el
servicio de grabación de música ilegalmente descargada de
Internet. Aunque la intención de la cadena era apelar la
decisión, prefirió llegar a un acuerdo con la demandante,
Industria Fonográfica Británica (BPI) por 180.000 euros
que incluyen daños y cuotas legales.
Aunque
aún queda mucha tela por cortar en este tema, como el
acceso de menores a la pornografía en estos negocios, lo
anterior es una muestra suficiente de que los cibercafés
colombianos y del mundo, piezas fundamentales en el
desarrollo de la Sociedad de la Información, están en la
mira, no sólo de las autoridades, sino de aquéllos que ven
en ellos, una fuerte competencia para sus negocios.
Milena
Quijano Zapata
Abogada Especializada en Internet
Publicado
con adaptaciones en El Tiempo el 12 de mayo de 2003, página
2-5
http://ww.eltiempo.com.co